martes, 6 de octubre de 2009

Como el poema de Kafavis

Solo había perdido la dignidad un par de veces en su vida, ambas ocasionadas por mujeres que le rechazaron. Las recordaba con vergüenza, pero obligatorias para seguir descubriendo la experiencia vital. Fueron instructivas, a la par que necesarias. Le daban una nueva perspectiva a la hora de enfrentarse a un envite sentimental, o de cualquier otro tipo……..

“ La lección es aprender a perder, la enseñanza más importante que te pueden dar en vida es que puedes conseguir y que no. Y aceptar, como un anciano que espera la muerte con los brazos abiertos, cuáles son tus limitaciones, tus fracasos y tus imposibles. Aunque hace poco apareció uno de esos estudios apadrinados por una prestigiosa universidad en que se comentaba que se aprende más de los aciertos que de los errores. Experimentaron con algunos simios y sencillos métodos de ensayo y error. Parece ser que los animales recordaban, o mejor dicho extraían conclusiones, de sus aciertos y reducían el porcentaje de errores. Pero primero: no hablamos de recordar putas cartulinas, y segundo: ya no somos chimpancés.

Hablamos del rechazo, del no puede ser, de madurar y de sentirse solo cuando la respuesta es no. De aceptar, con la dignidad que vas adquiriendo con los años, de que no puedes conseguir lo que quieres. De que ya no es una buena política comportarse como un niño caprichoso. De que el tiempo es valioso. De uno no se puede engañar a sí mismo creando una cortina entre realidad y anhelo. Y fundamentalmente, aun sabiendo que te volverá a pasar, no rendirse al fracaso. La vida es para amar y aprender, si vienen combinadas mucho mejor, de eso va todo este sinsentido”

Otra vez volvía a sentir que escribir le resultaba terapéutico. Se sentía vacio: había conocido a una chica, pasó una agradable noche con ella y se encaprichó. Pese a no conocerla mucho, poseía una serie de cosas que el ansiaba en aquel momento y lugar. Además era alta y muy atractiva, pese a que no tenía una sonrisa bonita. Pero ella, probablemente impulsada por el pragmatismo femenino decidió volver con su anterior pareja. Él albergaba el estúpido anhelo de que aquello no le saldría bien a la chica, ya se sabe:”segundas partes…” Había sido, siguiendo su política habitual, asquerosamente sincero. Incluso cuando recibió la noticia de que el juego se había acabado para él, contraatacó con una carta que rezumaba una dolorosa sinceridad. Quería hacerla sentir culpable, y estaba convencido de que lo había conseguido. Ella tenía buen corazón –o eso creía- y se disculpaba efusivamente por ello. Se la encontró inesperadamente unos días después y tuvieron una larga conversación, en que él –bastante borracho- descargó todo lo que quería decir –pese a que al día siguiente se percató de haber olvidado dos o tres cuestiones importantes- y ahora se preguntaba si ella se había quedado con él por lastima o por que realmente le gustaba. Ese pensamiento le exasperaba mucho en aquel momento –no quería su compasión, se la podía meter por el culo- pues lo que le había dicho es que ella había destrozado sus esperanzas. Sus esperanzas, porque de eso va todo este sinsentido.

1 comentario:

Miguel Fanjul Martínez dijo...

"hace poco apareció uno de esos estudios apadrinados por una prestigiosa universidad en que se comentaba que se aprende más de los aciertos que de los errores. Experimentaron con algunos simios y sencillos métodos de ensayo y error. Parece ser que los animales recordaban, o mejor dicho extraían conclusiones, de sus aciertos y reducían el porcentaje de errores. Pero primero: no hablamos de recordar putas cartulinas, y segundo: ya no somos chimpancés."

Este párrafo me parece sustancialmente revelador, genial, muy revelador de todo tipo de noticias que vemos hoy en día a través de los medios de desinformación.

Sobre el personaje de la historia, quizás lo mejor sea no albergar esperanza, no esperar nada de la vida, ya que es tan puta que cualquier día se va con uno o con otro, quizás sea más puta que una puta, ya que ni siquiera el dinero te asegura su calor... Así que no es una puta normal, es la puta que se prostituye contigo cuando quiere. Creo que me estoy rayando, pero a la vez creo que algo se me ha entendido...
PD. Jorge tus escritos, salvando las distancias, me resuerdan a estas tres fuentes: "Chicas y balas" con un poquito de Houllebec bañado por la filosofía de Schopenhauer.