viernes, 21 de agosto de 2009

El gesto de la paz

A propósito de una imagen bastante curiosa, en la que se veía al presidente del gobierno y al líder de la oposición dándose “la paz” en un funeral, me puse a pensar en este acto con gran carga simbólica, que se repite inexorablemente en toda eucaristía. Desde luego en las que yo he acudido así era. El gesto en sí me parece lo más salvable de los ritos y fórmulas de las misas, pues el resto suelen ser ponzoñosas maquinaciones y estúpidas soflamas alienantes. Cuando acudía a la iglesia siempre era muy sincero cuando ofrecía mi mano a desconocidos, familiares o amigos. Además albergaba la esperanza que, aunque fuera solo por un momento, todo el mundo aplicara el mismo baremo de buenos deseos para aquellas manos tendidas. ¡Que gran energía podría concentrarse si todos aquellos saludos cobijaran una chispa de autentica paz!. No obstante, cuando pienso un poco más, creo que muchas de aquellas manos flácidas, ensortijadas, ásperas, o dentelladas como una sierra no son más que los apéndices de un montón de seres en estado de narcolepsia, y a consecuencia vuelvo sobre mis pasos y me repito a mi mismo que aquello sucede en una misa de la iglesia católica, apostólica y romana y que por tanto nada bueno puede salir de ahí.

1 comentario:

Miguel Fanjul Martínez dijo...

Ya no hay gestos por la paz, no existen. Ya no hay conocimiento de la paz, hay reconocimiento. De nada sirve el conocimiento si no hay reconocimiento, así funciona nuestra sociedad de imágenes Jorge, nada se conoce si no es reconocido socialmente, y eso es lo que pasa con estos iconos de la comunicación, que están vacios, sin contenido. Hipocresía barata tan reconocida que se torna en realidad, se falsea y se mutila. Curiosamente acapara las portadas de los periódicos, portadas vacias basadas en el reconocimiento, en la nada, ni símbolo ni verdad, solo apariencia y vacuidad. Sigue en la isla Jorge, no salgas de allí!
XX
Mike