viernes, 7 de agosto de 2009

30 AÑOS

Él

30 años de espera. Huido, oculto, desaparecido, muerto. Todo ocurrió hace 30 años, cuando tras el asalto a la sucursal, la policía nacional le pisaba los talones. Consiguió huir en la lancha de un amigo. Vivió todos estos años en Marruecos, creando una nueva familia, falseando su identidad, sus creencias y su origen. Pero en los momentos en podía quitarse la máscara que había creado, se regodeaba en la idea que daba sentido a su vida: la venganza.


Ella

30 años dan para mucho. Cuando él desapareció, su vida parecía haber terminado. Él estaba muerto y ella estaba muerta en vida. Pero la gente es parte de la naturaleza, y renace, y le vuelven a salir flores. Después del obligado luto, y de las vicisitudes de la vida que te hacen seguir adelante, apareció el otro: el que regó las flores. Y para ella, llegó el tiempo de tapiar las puertas, cerrar las grutas, y coser aquel pecho desgarrado por el dolor. Y la vida continuó, como las cosas que no tiene mucho sentido.


El otro

30 años pueden pasar en un suspiro. Él era un hombre chapado a la antigua. La conocía del barrio y había compartido la barra del bar con su marido. Manifestó su interés a la viuda pasado un tiempo prudencial que abarcaba casi 10.000 días. Pasaron casi 16 años hasta que ella le dio el sí. Y fueron felices.


Los hechos

Una calurosa madrugada de agosto. El sol aparece tibio, como bostezando. La ligera brisa marina refresca a los que vuelven a casa y despierta a los que comienza el día. Es viernes. El otro besa a la mujer en la frente y sale de casa. Camina hacia el polígono.

El primer golpe destroza su ceja derecha. La sangre a borbotones, nublando la vista que busca –aterrorizada- una explicación a lo que pasa.

El segundo golpe es en la rodilla, astillando los huesos.

El tercero en la cabeza.

Un grito ahogado mientras la barra ulula al son de la brisa. La escena recuerda a los chimpancés de 2001 golpeándose hasta la muerte. El instinto y la brutalidad. Los golpes comienzan a ser más lentos. Y vuelve el sonido del verano, que se ha detenido momentáneamente. Las moscas se acercan, divertidas, a la sangre que anega el suelo mientras un gallo canta.


No hay moraleja.

3 comentarios:

Miguel Fanjul Martínez dijo...

Jorge me parece acojonante, el modo de contar la historia, la violencia de la cotidianidad, su desnudez y cercanía, el cinismo de lo que se debe aguantar día tras día sin que dejemos de llamarlo vida. Bastante negro, un color que te va mucho.
Cuídate

Miguel Fanjul Martínez dijo...

Por cierto, nos acercamos a los 30 años... Quizás mi historia comience... La conoció en un zoológico, y fue devorado por los leones todos los días de su vida.

Javier Iglesias dijo...

jorge me ha gustado muchisimo, seguro que el plutonio toletano ayudó.

Eso sí la referencia a 2001 le quita un poco de trascendencia.

Lo triste es que es una historia que ni siquiera merecía uná línea en un periódico mientras nuestros grandes políticos (Cospedal y Pajín pueden ser de largo las peores políticas que hayan hollado nuestra patria) abarcan páginas enteras