Apuraba su cerveza en la barra del bar. Su avanzada edad no le había hecho renunciar a los pequeños placeres de la vida, como beberse un buen zumo negro de cebada siempre que tenía ocasión. Si bien es verdad aquella costumbre impedía que su nariz, en forma de berenjena, perdiera su característico color rojo.
Se sabía viejo -aunque aun conducía un viejo Volkswagen que apestaba a naftalina y cigarrillos bajos en nicotina, que fumaba con vertiginosa frecuencia- y en aquel retiro mediterráneo para británicos ajados y cansados del escaso sol de las islas, rememoraba su larga vida y en especial aquella aventura en que, como enlace del MI6, evitó que un submarino ruso que navegaba por las costas de Chipre provocará la tercera guerra mundial.
Walter se encomendó a San Elmo para que velara por él cuando llegara el momento, pero mientras esperaba el final contemplaba otro de aquellos esplendidos atardeceres púrpuras.
3 comentarios:
y este te lo voy a criticar porque no me ha gustado nada. No se me recuerda a escritor norteamericano frustrdado en busca de best seller.
Pero es sólo una opinión
jajaja, lo que son las cosas. A mi me gustaba éste. Alberto probablemente sepa a quien me refiero.Fue un tio al que casi alquilamos un piso
si si, me contó la historia, el que os la lió con los euros
mira el problema es que las historias buenas están tan contadas que ya no producen impacto y hay que buscar otro enfoque. Por ejemplo, gracias a grandes genios y comunicadores sabemos con pelos y señales lo que ocurrió en los campos de concentración nazis. Benne. ¿Qué pasa ahora? Que el impacto es menor. Asi de triste. Ya hemos escuchado tantas terribles experiencias de Austzwitch que hemos alcanzado el límite humano de sentimientos y empatía.
La historia del hombre de vuelta de todo que se pudre en una isla olvidada esperando a la muerte es genial. Es la pura metáfora de la vida. El olvido, la vejez, la experiencia, joder son temas grandiosos.
Pero contarlo en plan bestseller no es el camino. Sólo me quejo de la forma, no del fondo.
Hombre ya!
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