Desde que leí mi primer libro a los dos segundos de vida, un libro forrado con plástico, para protegerlo de la corrosión del liquido amniótico, desde ese momento se que escribir es la mejor manera de liberarme a mí mismo. Liberarme mientras encierro palabras en una cadena secuencial con sentido, en un sintagma creado en mi cerebro. Liberando palabras sujetas a un orden estoy creando, quizás creando sin sentido, pero creando pese a todo.
No recuerdo con tanta exactitud cuándo entendí mi primera analogía, supongo que se comprende a una edad temprana, pero no siendo ni pediatra ni maestro no se concretar el momento especifico en que el aprendizaje pasa por el terreno de las relaciones ocultas e infinitas de las palabras, por el estrecho vínculo que las une explicando el universo desde primas diversos, y a la vez mostrándonos, como una luz cegadora, que es totalmente imposible de explicar. ¿Cómo será la primera vez? Cuando eres niño, ¿saltará una chispa como en el encendido de un motor? ¿Serán – seremos- los niños capaces de imaginar, o percatarnos vagamente, del asombroso poder que acabamos de adquirir?
El caso es que pese a que hoy fluyen en mi cabeza todo tipo de asociacionismo, me resulta muy complicado plasmarlo siempre en el papel. En segundo lugar porque mi vocabulario no deja de ser escueto, en primer lugar porque a veces en extremadamente complejo poder poner en palabras momentos o sensaciones de tan infinita complejidad. Me fascinan aquellos, que forjaron la literatura universal, capaces de acertar con exactitud y sutileza en todo tipo de sensación, acto o pensamiento humano; si bien he de reconocer que no he leído al noventa por ciento de ellos.
Imágenes poderosas descompuestas en palabras que dibujan imágenes poderosas, el feedback definitivo, el espolón de la escritura, la bomba atómica cerebral. Algo de una hermosa belleza, como deconstruir un puzle y reconstruirlo durante toda la vida, algo intangible, como un soplido continuo de dios en tu cabeza.
(La primera vez que escuche música era menos que un zigoto. Una larva que toma contacto el lenguaje del universo. La más inexplicable de las artes por que solo se puede comprender y juzgar con el corazón, porque nadie la siente igual, porque en su infinito poder une a la humanidad más que ninguna otra cosa. Pero la relación de amor –odio que tengo con ella la explicare en otro momento)
miércoles, 28 de enero de 2009
REACTIV-ACCIÓN
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