Su vida transcurrió como transcurren las vidas. Grises e inútiles. Siguió la política del hijo, el árbol y la novela. Aunque nada de eso pudo contrarrestar el repiquetear de las palabras susurradas. Era aficionado a mirar noches estrelladas, sirviéndose de esta contemplación para preservar el significado de las palabras susurradas. Solo e insignificante, estaba en paz consigo mismo. Nunca fue soberbio o vanidoso, sabía de buena tinta que solo era eso, semilla, sin significante ni significado. La presencia le susurro durante toda su vida. Y solo cuando esta tocaba a su fin, tuvo la suficiente fuerza para preguntar:

¿Quién eres tú, que me susurras desde que soy consciente de que soy?
Y la presencia le contesto en el lenguaje de los seres humanos
Sabes perfectamente quien soy. Yo soy quien equilibra la balanza desde la noche de los tiempos. Y contigo, como ya hice con otros, he tenido la deferencia de recordarte lo que eres: solo eres, ….nada más
......Y hoy dejarás de ser.
2 comentarios:
sinueeeeeeeeeeeeeeeeeeee el egicio!!!!!!!!!!!!!!!
me apetecia escribirte un soneto tio, que le voy a hacer!
y es jodido y es un puto vicio, estoy haciendo varios
PD: también preparo haikus como el del tapir de miguel!
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