sábado, 9 de febrero de 2008

ONE MAN ARMY


En este tiempo próximo a las elecciones generales de este nuestro país –nadie nos dejó elegir – se hace necesaria una reflexión sobre los tiempos que corren y el papel que juega, verdaderamente, el individuo dentro de la sociedad que llamamos democrática, que en mi opinión es NINGUNO.
Desde luego no entraré a comentar que líder político o que opción es la más adecuada. Para mí no existe diferencia, da igual arriba que abajo. Y en lo que se refiere a aquellos que manejan semejantes opiniones políticas –las conocidas como arriba y abajo – digamos, siendo amables, que su mediocridad como personas y como líderes raya el patetismo de los niños de Etiopia y las moscas que pululan alrededor de sus hambrientas bocas.

El problema planteado aquí es el individuo y su capacidad para influir en los derroteros por los que transitaremos los próximos cuatro años. En la sociedad actual, decadente y en una descomposición alarmante de todo valor ético y moral, las capacidades de la persona para hacerse notar y participar en la vida política son escasas. Las opciones posibles son funestas.


La primera de ellas es la militancia. En un país, acomplejado, idiota y mezquino como el nuestro, aquellos que defienden las ideas políticas arriba y abajo – y la otra en boga, definida como mi pueblo es más bonito que el tuyo – suelen caracterizarse por una falta de pensamiento crítico, un adocenamiento, y una falta de valor moral para levantar su voz contra aquellas circunstancias que su foro interno rechaza, y que en la intimidad de su casa jamás defenderían. Pero estos tipos, cuyo comportamiento es similar al de las ovejas, prefieren medrar hacia puestos más importantes que les den la oportunidad de poder llenarse los bolsillos. Junto a estos, encontramos aquellos que no militan, pero son cercanos en ideas y creencias, aquellos que prefieren el “ir contra estos” porque representan conceptos trasnochados –verde y amarillo – herencia de una cruenta guerra civil y una repugnante dictadura. Heridas como estas son difíciles de cicatrizar, pero nuestra generación nacida en plena democracia, desconoce cómo se vivía en semejantes circunstancias. Es ridículo defender ideas políticas relacionadas con tiempos pasados. Es de agradecer la capacidad de nuestros políticos de reabrir viejas heridas.


La segunda propuesta es apoyar a aquellos que según nuestra profesión o situación económica favorezcan nuestros intereses. Esto es un síntoma de nuestra sociedad, un paramo ético, donde las ideologías están muertas desde que somos parte del “mundo civilizado occidental”. Aun así considero esta vía algo más útil. Ya que las diferencias entre arriba y abajo son nulas, aprovechemos la situación y apoyemos a aquellos que nos permitirán seguir con nuestro tren de vida, sea este el que sea. Esta es la línea que siguen los descreídos, los pragmáticos y los que carecen de conceptos éticos que defender. No es mala opción para los tiempos que corren, pero esta postura adolece de falta de compromiso y supone un caldo de cultivo problemático si algún día, dios no lo quiera, nos enfrentamos a situaciones que requieren compromiso y valentía.

Incluiremos en estas posturas una tercera que está muy en boga en estos últimos tiempos: mi pueblo es más bonito que el tuyo. Ciertas circunstancias histórico lingüísticas, unas más verdaderas que otras, han propiciado la aparición de grupúsculos –no se pueden calificar de otra manera – que defienden desde el catetismo más reaccionario los usos y costumbres de determinadas zonas, atacando al resto con despiadada asiduidad. ¡Ojo! Esto no quiere decir que debamos, como país, ser una masa uniforme y regida por los mismos patrones. Lo que es ridículo es pretender que unos son mejores que otros. Lo absurdo es no aprovechar aquellas circunstancias que nos ofrece un país como el nuestro, de gran riqueza artística y cultural, lo ridículo es utilizar los idiomas como arma arrojadiza. Además los defensores del pueblo concreto no se diferencian mucho de los más burros de aquel pueblin donde pasabas los veranos en casa de tus abuelos y afirmaban sin pudor que ellos eran más guapos y altos que los del pueblo de al lado. Como ejemplo son válidos sus formaciones políticas que se autodenominan izquierdas nacionalistas, dos conceptos similares a el agua y el aceite. Dos conceptos que con unos mínimos conocimientos de historia de la política son antagónicos. En este saco también deben mencionarse a aquellos que defienden el conjunto nacional, esos capitanes trueno para los que la mal llamada unidad nacional supone un problema continuo, pues parece que esa entidad es un ser superior que debe defenderse con sangre y sudor. Sería conveniente recordarles que las naciones se componen de personas que viven en sociedad y que se basan en la convivencia mutua y agradable. Los que no quieran pertenecer a ella o no acepten las reglas del juego establecidas para esa convivencia pueden largarse cuando quieran. Así todos podemos vivir más tranquilos.

Las opciones posibles son para echarse a llorar. Es más que probable que los votos en blanco o incluso el no participar sean la opción más viable y coherente en mi modesta opinión. Para finalizar una frase de Jorge Luis Borges, donde expone sus planteamientos políticos que comporto en su totalidad.

" Yo descreo de la política no de la ética. Nunca la política intervino en mi obra literaria, aunque no dudo que este tipo de creencias puedan engrandecer una obra. Vean, si no, a Whitman, que creyó en la democracia y así pudo escribir Leaves of Grass, o a Neruda, a quien el comunismo convirtió en un gran poeta épico… Yo nunca he pertenecido a ningún partido, ni soy el representante de ningún gobierno…Yo creo en el Individuo, descreo del Estado. Quizás yo no sea más que un pacífico y silencioso anarquista que sueña con la desaparición de los gobiernos. La idea de un máximo de Individuo y de un mínimo de Estado es lo que desearía hoy…"

1 comentario:

Javier Iglesias dijo...

Muy buena y descarnada crítica al sistema jorge. En mi humilde opinión la segunda opción, a la que tachas en tu texto de falta de carencia ética, es la más democrática.

Seamos sinceros. Todos queremos vivir mejor y los ideales solo nos hacen sentir mejor no nos dan de comer. Si alguien nos ofrece una vida más fácil a costa de nuestro voto a pesar de que ideológicamente esté en nuestras antípodas, ¿no sería lógico darles nuestro voto? Si el voto es libre por qué he de votar a un color por siempre jamás hasta el fin de los tiempos?? Porqué me tachan de hipocrita si un dia voto a los de arriba y a los cuatro años voto a los de abajo? No soy yo mejor ciudadano si de verdad me intereso por la propuesta de gobierno de un señor más que por su cara?? Pues no esa gente somos tildados de chaqueteros o en el mejor de los casos "el centro indeciso".

Me parece que en ese sentido el modelo americano es más que avanzado aunque creo que inaplicable en este país cainita.

Parafraseando a V. "Son los gobernantes los que deben temer al pueblo y no al revés"